El afán por la rendición de cuentas puede servir muchos propósitos. Por eso hay que evitar los absolutos.

¿Pueden medir las pruebas estandarizadas, además de lo aprendido en clases, la inteligencia con la que se nace y las experiencias a las que están expuestos los estudiantes? Sí, a través de preguntas creadas para esos propósitos. Y ese es el truco de las pruebas estandarizadas.

La forma en que se razona está directamente relacionado al coeficiente intelectual de cada estudiante, el llamado IQ en inglés. Con eso se nace.

Las pruebas estandarizadas contienen ítems de razonamiento verbal, los famosos cuentos cortos y no tan cortos. Los estudiantes con IQ alto, usualmente los pueden resolver con facilidad. Los de IQ bajo, no, porque el llamado “sentido común” no es común, es individual.

Así que esos ítems, que abundan en las pruebas estandarizadas, son las que provocan que los resultados no midan necesariamente lo enseñado en la escuela. Por alguna razón natural, hay escasez mundial de IQ’s 130+ y la escuela no los puede fabricar.

Las pruebas también contienen ítems relacionados directamente con las experiencias a las que están expuestos los estudiantes.

Un estudiante que ha tenido la oportunidad de viajar y de ver más allá de lo que le rodea, tiene marcos de referencias más amplios que aquel que no ha salido de su barrio pobre.

Las pruebas estandarizadas tienen también, ítems relacionados a esas experiencias que nada tienen que ver con lo que se enseñan en la escuela ni con su calidad.

¿Están esos ítems a propósito, para provocar esas variables que impiden medir necesariamente lo enseñado?

Comparto este interesantísimo estudio que analiza los contenidos de las pruebas estandarizadas y la razón por la cual sus resultados no pueden ser utilizados para medir la calidad educativa:

http://bit.ly/2BFYk5H