Como es mi primer escrito, comenzaré explicando el ícono que identifica mi blog: manos abiertas de diversos colores.

Tradicionalmente, el sindicalismo se relaciona con una imagen de un puño levantado con la mano izquierda, en señal de fuerza y poder. Es la forma en que los trabajadores entendían podrían conseguir sus demandas. Ese sindicalismo, a mi juicio, cumplió su cometido y hoy nos encontramos en una nueva fase porque el mundo del siglo 21 ha sido impactado con la era de la comunicación global y las crisis económicas mundiales.

Puerto Rico, país que carece de soberanía económica, política y social, cuyos poderes están sujetos a lo que decida la mayoría del Congreso de los Estados Unidos, tiene una tasa de participación sindical en el sector privado, bien baja, casi inexistente. En cuanto a sus trabajadores del sector público, todos los que tienen derecho a estar unionados, lo están. Por lo que el crecimiento del sindicalismo puertorriqueño será posible en la medida que los trabajadores del sector privado lo entiendan, lo consideren y lo reclamen.

Sin embargo, la opinión pública que tienen los seleccionados a participar de las encuestas que realizan los principales medios de comunicación escrita, demuestran que estiman igualmente a un legislador que a un líder sindical. Situación, que de ser cierta, es embarazosa, bochornosa y crítica. Los legisladores de Puerto Rico son considerados, en su mayoría, personas que sólo consideran su bienestar personal, en algunos casos, que permiten la corrupción o que son corruptos. Que son incapaces de legislar fuera de líneas político partidistas y que no cumplen ningún rol importante en la sociedad, más allá de encarecer el gasto público.

Por experiencia, puedo expresar, sin temor a equivocarme, que más allá del liderato de base y las juntas dirigentes de los sindicatos, los unionados, desconocen sobre la importancia de la organización de los trabajadores, lo que implica la negociación colectiva, el poder del convenio y el rol fundamental del sindicalismo. La mayoría de los unionandos están preocupados por cuota que pagan y lo que entienden deben recibir a cambio.  No se sienten parte de la organización, la organización no trasciende sus vidas más allá del trabajo, peor aún, no entienden que son los dueños de su unión.

Ese puño, rompió murallas que escondían condiciones esclavizantes, pero no ha sido capaz de trascender en la vida de los trabajadores y de sus familias. Ese espacio vacío ha permitido que inescrupulosos culpen al sindicalismo de los males económicos y hasta de la quiebra del país. Sugiero que ha sido todo lo contrario, por no contar con una alta tasa de participación sindicación, los gobiernos han actuado sin transparencia, sin verdadera participación ciudadana en la gestión política y a espaldas del pueblo, creando situaciones que han puesto en riesgo la estabilidad económica y el bienestar de todos.

Mi propuesta es que abramos el puño y extendamos manos abiertas a todos, porque el sindicalismo no existe para atropellar a nadie, sea empresario o trabajador, existe para lograr el balance en la distribución de las riquezas de todos los sectores.  Para lograrlo hace falta democratizar las relaciones obrero-patronales o laborales donde quiera que haya asalariados.  Para comenzar hay que aceptar la participación de los trabajadores en las discusiones sobre los asuntos que inciden en sus condiciones de empleo, o sea, en todo.

Por lo antes expresado, mi llamado a los dirigentes sindicales es a abrir el puño para extender la mano. Es con esa actitud que se debe reclamar la participación, a nombre de los trabajadores, en todas las discusiones necesarias a realizar para comenzar la recuperación económica y social de Puerto Rico. Al fin y al cabo, los sindicatos son los trabajadores organizados, prohibirles la participación es actuar secretamente a escondidas del pueblo.

En otros artículos iré desarrollando las innovaciones estratégicas necesarias que deben ser incorporadas en la gestión sindical para cambiar impactar la opinión pública de forma favorable, o sea, el cómo.